La vida quiere vivir,
la vida quiere vida, la vida tiene sed de vida. Pero hay un punto en que la
vida animal y la vida humana se diferencian y es cuando la vida humana toma
forma en la llamada al otro, en la invocación al otro —podríamos decir
radicalmente— en la oración: la vida humana es vida que se dirige al otro.
Todos nosotros hemos
sido "gritos en la noche", todos nosotros hemos tenido la experiencia
de ser un grito en la noche. Un niño que grita en la oscuridad: todos nosotros
hemos sido este niño que grita en la noche, todos nosotros hemos experimentado
el grito.
Entonces, ¿cuándo se
humaniza la vida? Cuando este grito que hemos sido lo escucha otro, traducido
en pregunta de amor, traducido en demanda de amor, traducido en demanda de
presencia.